La expulsión de los moriscos
El 9 de abril de 1609, Felipe III decretó la expulsión de los moriscos que comportó graves consecuencias demográficas y económicas para Antes de continuar, considero importante destacar las 100 preguntas elementales sobre la expulsión de los moriscos que se pueden encontrar en la web de 1609-2009 y que sirven para tener una idea clara y rápida de lo que aconteció -así como el resto de información que proporciona la web-, por el especial interés que despierta en nuestro profesor J.M Perceval y la insistencia que ha mostrado en el asunto. Una vez hecha la aclaración, sigamos. La opinión pública acerca de los moriscos se encontraba dividida entre aquellos que consideraban que se debía dar tiempo a su cristianización, los que consideraban que se debía seguir tolerando y los que proponían expulsarlos. Por lo que respecta a esta última consideración, destacar que la población morisca consistía en unas 325.000 personas en un país de unos 8,5 millones de habitantes. Estaban concentrados en los reinos de Aragón, en el que constituían un 20% de la población, y de Valencia, donde representaban un 33% del total de habitantes. Los moriscos ocupaban la mayor parte de las tierras pobres y se concentraban en los suburbios de las ciudades, por lo que el campesinado los consideraba rivales. Más tolerantes eran en Castilla, donde la situación era muy distinta: de una población de 6 millones de personas, entre moriscos y mudéjares sólo juntaban unos 100.000 habitantes. Así como la nobleza aragonesa y valenciana que era partidaria de dejar las cosas como estaban, al ser los grupos que más se beneficiaban de la mano de obra morisca. Finalmente, un gran número de eclesiásticos apoyaban la opción de dar tiempo al considerar que una conversión total requería una prolongada asimilación cristiana. Como siempre ha ocurrido, la opinión pública se dividía y tenía sus razones para estar a favor o en contra de una determinada postura, razones que cada uno de ellos consideraba incuestionables sin tener en cuenta que -en realidad y más allá de sus intereses- se estaba tratando de vidas humanas. Y es que la situación de los moriscos en España y los factores de su expulsión han sido ya objeto de muchísimos estudios, pero en cambio, los moriscos después de su expulsión -el drama humano que eso comportó y lo que hicieron una vez fuera del país-, es mucho menos conocido. Tal como se comenta en Identidad Andaluza, <el general desinterés de escritores y lectores por la suerte de esos hombres y mujeres después de su expulsión de España se debe precisamente a la consideración que suelen tener los vencidos: terminada brutalmente su tragedia, salen de la escena y desaparecen>. Este año en el que se conmemoran los cuatro siglos que han pasado desde la expulsión, se estan llevando a cabo una serie de producciones culturales que muestran lo que supuso ese trágico momento histórico. Un ejemplo de ello es el film Expulsados: La tragedia de los moriscos, que se estrenará en marzo y que relata -a través de un diario- lo sucedido en el verano de 1609 y las vicisitudes que los Aziz, una familia con profundas raíces en Almonacid, se ven obligados a vivir. Descubrirán, de la noche a la mañana, cómo su vida cambia de rumbo y pasan de ser una humilde familia de labradores a sentirse unos extraños en su propia tierra, viéndose obligados a partir hacia el exilio. 


Este film podría ser el detonante para que se lleven a cabo otras iniciativas culturales que muestren -y no sólo expliquen-, lo que significó la expulsión y lo que todavía hoy significa. Al fin y al cabo, compartimos más cosas de las que pensamos con los musulmanes que tuvieron que abandonar el territorio en el que nosotros nos escontramos hoy en día. La empatía es necesaría en un mundo en el que el miedo a lo desconocido sigue formando parte de nosotros, y en el que el pasado es visto como mero paso hacia el presente, sin fijarnos en todo la herencia tanto cultural como histórica que nos dejaron aquellos que, antes que nosotros, vivieron en lo que ahora consideramos nuestro hogar.